Decisiones equivocadas resultados caóticos
Decisiones acertadas: seguridad y confianza en el largo plazo
La historia de la Infraestructura Vial en Colombia

Dentro de los índices de competitividad mundiales, donde son evaluados 142 países bajo 12 variables divididas en 3 áreas, el área de requerimientos básicos tiene un peso específico de 60% frente al 35% y 5% de las otras áreas restantes. En esta área que cubre más de la mitad de los criterios de evaluación de competitividad mundial, se encuentran 4 sectores: salud y educación primaria, instituciones, estabilidad macroeconómica e infraestructura.
Colombia en el índice 2011 se mantiene en el puesto 68 a nivel mundial, y en el 8ª a nivel latinoamericano. Probablemente este criterio de infraestructuras, luego de la ola invernal de 2010 (que aún no termina sus efectos en noviembre de 2011), y con el colapso de más del 50% de la red vial del país, en el 2012, afecte esta posición y pierda algunos puestos para ir más atrás.
¿Cuál es la razón de estas condiciones de bloqueo y destrucción masiva de la infraestructura vial que hoy muestra el país? La respuesta más rápida y evidente es el cambio climático. Pero posiblemente la causa efectiva esté en las decisiones de modelo económico asumidas a mediados del siglo pasado. Las condiciones hoy agravadas por las lluvias, se generaron por la decisión nacional que dio prioridad a la comunicación terrestre por encima de otras posibilidades. Condiciones terrestres riesgosas y agrestes, que los colombianos con su particular forma de asumir la vida y sus dificultades -que colocan al país entre los más felices del planeta-, casi siempre acometieron con humor, valentía y garra cultura
Sin ser ingenieros de caminos y puentes, es fácil identificar las absurdas vías que se generaron en el pasado y siguen vigentes, que a través de abismos y bordeando montañas, comunicaban una región y otra del país –generando un extraño orgullo colonizador-. Surgen entonces preguntas obvias, ¿y porqué no las hicieron bordeando este u otro río, para qué subir y bajar las empinadas cuestas si se podían evadir? No hay que olvidar que este es un país diverso, que cuenta por igual con zonas andinas de altos picos, selvas tupidas sin paso vehicular, llanos extensos, sabanas, ríos de gran longitud que atraviesan grandes extensiones del país, y un territorio de zonas planas paralelas al mar Caribe.
La imaginería popular da respuesta a estas y otras preguntas, contando diferentes versiones de las razones posibles, que si el Alto de Ventanas, indispensable para viajar por tierra de Medellín al Caribe, se hizo por allí para favorecer las tierras de un prelado que no quería perder su primacía ganadera, que los recursos podían “manejarse mejor” si se hacían más vías que ferrocarriles, que privilegiar el centro y sus conexiones con los puertos implicaba esta fórmula de pocos ferrocarriles, túneles y otras formas de vías más razonables, que para el centro era más económico dirigir a través de los más escabrosos caminos, vías estrechas y mixtas (donde se confunden carga y pasajeros) el comercio interno. De todas formas, esta inaccesibilidad, esta falta de alternativas, ha generado situaciones que han favorecido a las guerrillas, ya que las vías y sus condiciones, facilitan su accionar y la ubicación de sus cambuches.
Estas vías no hay que olvidar, respondieron al modelo centralista de sustitución de importaciones, privilegiaron las ciudades centradas en el interior, que como premio a los esfuerzos de estos viajes difíciles y peligrosos, le entregaban al viajero, la llegada a estas urbes, las de mejor calidad de vida y atributos urbanos del país.
Persistentes, las empresas nacionales mantuvieron y han mantenido en general, los negocios y otros desarrollos en las planicies, considerando a las costas, solo como enclaves y trayectos para ingresar o sacar mercancías. Evento totalmente opuesto al desarrollo estratégico territorial de la gran mayoría de los países económicamente avanzados.
Este modelo resistente a las propuestas de cambio, ha fracasado. Hoy la predominancia vial sin alternativas ferroviarias o fluviales, viene generando en forma creciente diversidad de problemas, territorios aislados, desabastecimiento de productos y alimentos, o encarecimiento de los que logran acceder a los mercados, disminución significativa de la accesibilidad; condiciones de movilidad todas ellas, que demandan urgentes decisiones y acciones.
Esta vialidad que se creyó favorecía al interior del país –craso error- hoy muestra que ha perjudicado a casi todas las regiones por igual, quizás con excepción del Amazonas y algunos departamentos de la Orinoquia que por sus condiciones, solo son asequibles por vía aérea y fluvial. Por otra parte, se ha desperdiciado de la peor manera la navegabilidad por el río más importante del país, el Magdalena
Ante este panorama que posiblemente disminuya nuestra competitividad intraterritorial y también la evaluación en el índice mundial, es indispensable acciones prontas, que no por prontas se equivoquen en la mirada de conectividad de largo plazo que demanda Colombia
Si pensamos en la OCDE, en competitividad, en TLCs que busquen satisfacer nuestro comercio, es esencial revisar con lupa las propuestas de conectividad nacionales. No vaya a ser que nuevamente se piense en una sola alternativa, la vía terrestre. O que los demás desarrollos solo sean de menor importancia, o que estás vías sigan siendo no más que carreteables de mejor condición, sin contar con las autopistas que participen de una conectividad que supere el cambio climático, y pueda responder ante los eventos que de seguro se presentarán en un futuro no muy lejano.
Así cada región colombiana, entre las más urgidas, la Caribe, requiere una integración acertada con el resto del país y el exterior, para lo cual, demanda una mirada de análisis que trascienda esta década, que piense en el mañana, y lo piense desde su geografía, sus potencialidades, sus vínculos y redes nacionales e internacionales.
La integración y coopetencia de los puertos, los aeropuertos, la red ferroviaria a construir y conectar intra e interregional, la multimodalidad verdaderamente funcional, son tareas, que obligan a repensar la conectividad, accesibilidad y movilidad del país en su conjunto y de cada región en su búsqueda de prosperidad.
Allí proyectos específicos como el Tren de Integración de la Ciudad Región del Caribe colombiano (Cartagena – Barranquilla – Santa Marta), la recuperación del río Magdalena como principal vía fluvial del país y otros tantos de las regiones colombianas, serán determinantes para construir toda la trama requerida, asimismo no puede construirse una propuesta de conectividad como la que se está diseñando por el gobierno nacional, se reitera, si no se considera en forma cierta y en su potencial, los efectos del cambio climático sobre Colombia, que no obstante poco contribuir al calentamiento global, está claro recibirá y está recibiendo paradójicamente con intensidad sus consecuencias.
¡Es hora de actuar!